¿Por qué hay personas que "no quieren progresar"?

¿Por qué hay personas que "no quieren progresar"?

En Guerras del interior, Joseph Zárate plantea que progresar no significa lo mismo para todos. Para algunos, progreso es preservar su identidad y forma de vida, no necesariamente solo ganar más dinero.

Por: Jairo Rodríguez
27 de febrero de 2026

El libro Guerras del Interior de Joseph Zárate documenta conflictos socioambientales en el Perú y plantea el porqué hay personas que no quieren progresar.

 

El autor cuestiona la premisa misma de la pregunta, no es que rechacen el progreso, sino que tienen concepciones distintas sobre qué significa progresar y qué constituye una vida que vale la pena vivir.


Dos concepciones de progreso


Zárate identifica un conflicto entre dos maneras de entender qué significa progresar.


El primero es el progreso como transformación económica. Desde esta perspectiva, progresar significa que lleguen empresas extractivas, que se genere empleo, que se construya infraestructura moderna, que se venda tierra a inversionistas, que se integre territorio a circuitos económicos globales.


Este modelo se puede medir en términos de crecimiento del PIB, inversión privada, empleos generados y modernización de modos de vida tradicionales.


El segundo es el progreso como preservación de modo de vida. Progresar significa poder seguir siendo quien es. Es vivir en la casa donde naciste y se crió la familia, cuidar los terrenos que te heredaron, tener acceso a agua limpia, sostener rutinas comunitarias, mantener prácticas culturales, preservar ecosistemas de los que depende su subsistencia.


Este modelo se mide en términos de continuidad identitaria, salud ambiental y reproducción de vínculos sociales y territoriales.


El conflicto


Cuando comunidades defienden su territorio, agua o bosques frente a proyectos extractivos, frecuentemente se las califica como tercas, rebeldes, antiprogreso o incluso anti-desarrollo. 


Estas etiquetas deslegitiman la posición de las comunidades al caracterizarlas como irracionales, obstaculizadoras del bien común, o atrapadas en pasados obsoletos.


Zárate trata de mostrar en las crónicas que el conflicto real no es entre quienes quieren cambio y quienes quieren estancamiento, sino entre quienes entienden el cambio como una transformación económica extractiva por el bien de la sociedad y quienes lo definen como mejora de condiciones de vida sin destrucción de bases materiales y culturales de existencia.


El progreso para algunas personas


Zárate muestra que la resistencia a proyectos extractivos no es capricho ni ignorancia económica, sino defensa de identidad y posibilidad de existencia futura.


Frecuentemente, estos proyectos que se presentan como "progreso nacional" o "desarrollo regional"


Sin embargo, en las crónicas se visibiliza que los beneficiarios principales son las empresas extractivas, accionistas, sectores urbanos que consumen recursos extraídos, gobiernos que reciben regalías o cano. 


Y los afectos son las comunidades locales que pierden territorio, agua limpia, aire respirable, modos de subsistencia, salud, cohesión social, y posibilidad de reproducir formas de vida que valoran.


Esta asimetría es estructural. Quienes deciden sobre los proyectos no son quienes viven las consecuencias cotidianas, mientras que quienes experimentan impactos frecuentemente no participaron significativamente en decisiones.


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