La censura en la sinopsis de la película Uyariy
La sinopsis difundida en carteleras para la película documental Uyariy emplea un encuadre que puede despolitizar hechos de violencia y represión.
Cadenas de cine y páginas que replican la cartelera han circulado la sinopsis oficial de la película documental Uyariy, que aborda los eventos de violencia durante las protestas sociales en el Perú.
La Viñeta realizó un análisis de discurso de ese texto y observó estrategias que tienden a nombrar la violencia sin precisar agentes, desplazar el foco hacia una experiencia cultural/estética y usar términos que pueden sugerir desorden para describir movilizaciones sociales.

Estas elecciones léxicas, aunque sutiles, pueden influir en la comprensión pública de eventos políticamente sensibles.
Situaciones fuertes sin responsables
La sinopsis utiliza el término matanza para referirse a los hechos de violencia que resultaron en múltiples fallecimientos durante las protestas. Esta palabra es innegablemente fuerte y evocativa, transmitiendo la gravedad de los eventos.
Sin embargo, el texto no menciona responsables. No se especifica quién mató, qué fuerzas ejecutaron la violencia, ni bajo qué autoridad o cadena de mando operaban.
La matanza aparece en el texto como un evento que simplemente ocurrió, similar a un desastre natural, sin agentes humanos identificables que la perpetraron.
Esta omisión puede desactivar la pregunta por la responsabilidad, donde fuerzas policiales y militares actuaron bajo órdenes de autoridades políticas.
Diversos informes de organismos de derechos humanos han documentado que, durante las protestas, hubo muertes y lesiones de civiles presuntamente vinculadas a la actuación de fuerzas de seguridad, lo que vuelve relevante precisar agentes y mandos en la narrativa pública.
Un patrón similar se observa con el término represión; se nombra el fenómeno, pero se omite el actor.
La represión, por definición, es una acción deliberada del Estado o sus agentes para suprimir manifestaciones, disidencia o movilización social. No es un fenómeno meteorológico ni un accidente, sino una política aplicada por autoridades específicas mediante fuerzas de seguridad concretas.
Del dolor al folklore cultural
Quizás la operación discursiva más significativa es el reencuadre completo de la película desde su contenido político hacia una experiencia cultural folklórica.
El protagonista identificado en la sinopsis es "el artista", quien supuestamente "nos hará viajar" por una experiencia.

Esta construcción centra la narrativa en una figura individual creativa y en la promesa de un viaje emocional o estético, más que en las víctimas de la violencia estatal o en las demandas políticas que motivaron las protestas.
Por lo que se sugiere que la experiencia de la película trata fundamentalmente de cultura y folklore, no de dolor colectivo, trauma social o demanda política de justicia y reparación.
Esto puede desplazar el conflicto social al segundo plano, subordinándolo a una narrativa de experiencia cultural.
Lenguaje cargado
Una elección léxica particularmente problemática es la caracterización de las protestas como revueltas indígenas.
El término "revuelta" connota desorden, caos, irracionalidad y desobediencia ilegítima. Contrasta marcadamente con términos como "protesta", "movilización" o "manifestación", que reconocen legitimidad al reclamo ciudadano y enmarcan las acciones colectivas dentro del ejercicio de derechos constitucionales.
Existían alternativas léxicas más precisas y menos cargadas: "protestas sociales", "movilizaciones populares", "manifestaciones de protesta" o simplemente "protestas" habrían descrito los eventos sin connotaciones de desorden o particularismo étnico.
Implicancias para la memoria y la justicia
La forma en que se narran públicamente eventos de violencia política incide en la memoria, verdad y rendición de cuentas. Informes internacionales han enfatizado la gravedad del contexto de protestas y la necesidad de investigar responsabilidades.
Cuando las descripciones omiten agentes, despolitizan la violencia o recodifican protestas como “desorden”, se facilita la ambigüedad y se debilita el marco de exigencia pública.